Hipertensión arterial y estrés

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En nuestro país la hipertensión arterial alcanza en población adulta a un 40% de personas*, porcentaje que tiende a aumentar con la edad. Se habla de hipertensión arterial (HTA) cuando se detectan unas cifras de presión arterial por encima del valor que se establece como medio: 120/80 mm Hg. La hipertensión constituye un factor de riesgo vascular por lo que el control de la misma es uno de los objetivos en la prevención de riesgos cardiovasculares.

Las causas de la hipertensión son diversas: pueden estar relacionadas con factores genéticos, estilo de vida (falta de ejercicio, nutrición poco adecuada, obesidad, tabaco) y factores asociados al estrés, y pueden también deberse a causas desconocidas (hipertensión idiopática).

El tratamiento habitual para la hipertensión consiste en intervención farmacológica junto con indicaciones sobre la dieta (disminución del consumo de sal, reducir el sobrepeso) y la incorporación de ejercicio físico. El hecho de que la hipertensión concurra la mayoría de las veces sin síntomas manifiestos, unido al esfuerzo que significan los cambios en el estilo de vida de la persona hace que los tratamientos se sigan de forma irregular, o incluso lleguen a abandonarse.

A la hora de abordar los problemas de la hipertensión los modelos biologicistas han dejado al margen uno de los factores que más incidencia tiene en estos pacientes: el estrés. Sin embargo, el estrés, está estrechamente relacionado no sólo con la hipertensión sino con muchos de los hábitos que condicionan el estilo de vida y la gestión de las emociones.

Cuando hablamos de estrés estamos haciendo mención al conjunto de mecanismos que el organismo pone en marcha para prepararse, de forma rápida, para hacer frente a una situación que pone en peligro la vida o la seguridad (huir de un depredador). Cuando el cerebro detecta alguna amenaza libera una serie de hormonas (catecolaminas) que preparan nuestro organismo para huir o luchar (el corazón late más deprisa, aumenta la tensión arterial, la sangre fluye más rápido hacia las extremidades, la respiración se acelera para enviar más oxígeno a la sangre, etc).

No obstante, aunque en la actualidad estas situaciones son escasas o inexistentes, seguimos disponiendo de este mecanismo que se activa siempre que nos sentimos amenazados (dificultades en el trabajo, discusiones con la pareja, enfermedad crónica, etc), cuando rememoramos esas situaciones adversas, o si anticipamos que se puedan producir. Aspectos todos ellos que hacen que las hormonas del estrés estén muy presentes en nuestro organismo, afectando de forma directa a los valores de tensión arterial.

El estrés varía mucho de una persona a otra así como la capacidad para frenar o reducir la respuesta que tiene lugar en el cuerpo. Es precisamente en las personas que padecen hipertensión donde es posible apreciar una especial sensibilidad a las hormonas del estrés.

En los últimos años, la investigación ha puesto en evidencia la eficacia de las intervenciones centradas en la gestión del estrés para modular el impacto en la hipertensión: los programas centrados en la práctica de Mindfulness.

Todas las personas disponen de capacidad para realizar nuevos aprendizajes a lo largo de la vida. Aprender a gestionar el estrés es una oportunidad para poder disfrutar de una vida más saludable y emocionalmente más adaptada a las demandas del día a día. La ventaja de este tipo de programas reside en la posibilidad de que la persona pueda ir descubriendo sus propias capacidades, de forma paulatina, para hacer frente a sus estresores, sin el desgaste físico y emocional que conllevan. El formato de programa grupal permite realizar los cambios de estilo de vida, favoreciendo la integración de los nuevos hábitos de forma natural, descubriendo y desarrollando la capacidad de autocuidado que todos tenemos.

La extensa investigación que sobre estos programas existe revela las diferentes dimensiones en las que es posible obtener beneficios con las práctica: el equilibrio del sistema nervioso autónomo repercute en una mejora del funcionamiento del organismo, favorece la disminución de la percepción del estrés y la reactividad asociada, optimiza la respuesta inmunitaria, mejora la calidad del sueño dando lugar a una sensación general de bienestar físico y emocional que tienen un correlato con el mundo psicoafectivo de la persona.

*Cifras proporcionadas por la Sociedad Española de Hipertensión-Liga Española para la Lucha contra la Hipertensión Arterial (SEH-LELHA)

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