• Niños y Adolescentes.

Área desarrollo y crianza

Los primeros años de la vida van a establecer las bases para el éxito del niño y del adolescente en su desarrollo como persona autónoma. La infancia es un periodo de especial vulnerabilidad en el que tienen lugar los cambios más importantes de toda la fisiología del individuo y en el que se establecerán sus primeras experiencias afectivas, cognitivas y conductuales. Aquello que el niño vive, ya desde el momento de la gestación, va a dejar una huella en su ser que va a determinar una buena parte de su existencia posterior.
Aprender a gestionar las emociones, conocer las propias capacidades y poderlas potenciar, adaptar los impulsos a los requerimientos del entorno, desarrollar una comunicación empática y disfrutar de las relaciones interpersonales, tener motivación por el aprendizaje y disponer de estrategias para completar el curriculum escolar, son algunas de las competencias que pueden garantizar su proceso de desarrollo y autonomía en las mejores condiciones.


Desde Espai Psikos BCN ofrecemos la posibilidad de analizar en profundidad aquellos aspectos donde el niño o el joven tiene mayor dificultad ya sea en el ámbito emocional, conductual o cognitivo. A partir de un estudio riguroso de las condiciones de cada caso diseñamos un tratamiento personalizado que fortalezca sus capacidades, le devuelva la confianza y le permita recuperar la ilusión para afrontar los retos que tiene planteados.

Para conseguirlo, implicamos en el proceso a los adultos que forman parte del entorno directo del niño (familia, escuela, etc), de manera que los cambios se produzcan de forma más efectiva y duradera.

Vínculo afectivo

Una necesidad prioritaria para el óptimo desarrollo del niño es el establecimiento de un vínculo afectivo de calidad con las personas encargadas de su crianza. Un número muy importante de consultas sobre problemas infantiles que tienen lugar en los gabinetes psicológicos ponen de manifiesto el malestar emocional del niño que ha tenido su origen en una insuficiente atención afectiva.

Muchos aspectos inciden en esta situación como son los derivados de problemáticas emocionales de la madre durante el embarazo o el puerperio, el escaso reconocimiento social que merece el tiempo dedicado a la crianza, el desconocimiento de las necesidades de los hijos y la mejor forma de educarlos, etc. A estas situaciones pueden añadírseles otros factores asociados (separaciones, malos tratos, problemas económicos…) que aún complican más la experiencia vivencial en la que crece el niño.

Trabajar en una mejora de la vinculación afectiva con los hijos va a establecer las bases de un entorno nutritivo y estimulante imprescindible para que se sientan seguros y puedan dedicarse a crecer como tienen que crecer los niños, libres de preocupaciones y de miedos.

Etapas de desarrollo

A partir de la fecundación del óvulo se inicia un proceso de desarrollo del nuevo ser que va a estar determinado fundamentalmente por la evolución de su sistema nervioso. Durante el crecimiento genética y condiciones medioambientales (bio-psico-sociales) van a interactuar determinando que capacidades y funciones se van a adquirir y cuales se van a desechar. El desarrollo del sistema nervioso es secuencial y se rige por principios claros y definidos en un proceso de despliegue de continuo de capacidades, en función de las estimulaciones que el medio proporciona.
Las secuencias de este desarrollo son las mismas para todos los niños pero la velocidad en que se producen varia de un niño a otro.
Los procesos implicados pueden ser mas o menos eficientes y/o adaptativos produciendo cambios a nivel emocional, cognitivo o motriz.
A pesar de la plasticidad que demuestra el cerebro humano para adaptarse a los cambios a lo largo de toda la vida, es en especial durante la infancia en que la plasticidad es máxima. En el neurodesarrollo se considera que hay unos periodos críticos y periodos sensibles en los que se pueden adquirir ciertas características, conductas, habilidades o capacidades específicas sin gran esfuerzo.
Muchos factores pueden interferir el neurodesarrollo, tanto desde el punto de vista intrínseco, como genéticos, estructurales y metabólicos, como extrínseco, agregando a esta lista el stress, los traumas, los tóxicos, etc. A modo de ejemplo, si nos detenemos a analizar los efectos del estrés en los tres primeros años de vida, podemos observar que es capaz de aumentar la producción de glucocorticoides y generar cambios permanentes en el cerebro en desarrollo.
Es por tanto de vital importancia cuidar de la estimulación que perciben los niños pequeños para prevenir posibles factores de interferencia que afecten a su desarrollo.

Bebé de altas demandas

Son niños que duermen poco, comen y lloran con desesperación, no soportan la separación de sus referentes y reclaman un continuo contacto físico. Sus exigencias ponen a prueba las crianzas más conscientes.
El término fue acuñado por el pediatra William Sears a raíz del nacimiento de su hija y sus constantes lloros que solo se tranquilizaban cuando se encontraba en brazos de su madre y era alimentada.
Sears y su mujer se enfrentaron a dos alternativas, intentar imponer a su hija un modelo de conducta o bien tratar de entenderla y aceptar que estaba en su derecho de solicitar aquello que necesitaba. Optaron por esta segunda solución en base a un principio elemental: si un bebé llora y demanda algo es porque lo necesita, no porque intente manipular a los adultos. El bebé comunica de esta manera sus necesidades porque no dispone de otro recurso.
Para los padres de bebés que presentan estas características la experiencia puede ser en un principio desconcertante y agotadora y puede llevarlos a situaciones de estrés y sentimientos de culpa. No obstante, si aprenden a aceptar a su bebé tal como es, encontrarán fórmulas para ir solucionando todos los retos que su crianza plantea, con serenidad, desde el contacto, la presencia y la mutua aceptación.

Miedos infantiles

El miedo es una emoción altamente adaptativa que nos permite prevenir y anticipar peligros que pueden afectar a nuestra integridad física. En los niños el miedo aparece de forma natural a partir de los 6 primeros meses de vida, inicialmente en forma de miedo a las alturas, a los extraños y más adelante surge la ansiedad de separación de la figura de apego. El miedo a la oscuridad suele surgir hacia los 2-3 años, puede intensificarse entre los 4-6 años y empezar a declinar a partir de los 9 años.

Es importante discernir entre miedos de carácter evolutivo que remiten con la edad y miedos de naturaleza clínica o fobias específicas que perduran en la edad adulta y requieren tratamiento psicológico. La clave nos la proporcionará la intensidad de la respuesta del niño ante un estímulo externo (animales, tormentas, alturas, sangre, inyecciones, ruidos fuertes, oscuridad) o interno (sensaciones corporales molestas, como náuseas o vértigos, preocupación, etc).
Es importante aportar tranquilidad a la preocupación que siente el niño, sin obligarle a efectuar aquellas conductas que tanto le preocupan. Hay que permitirle un tiempo para que vaya adaptándose a las experiencias molestas y reforzarle todos los avances que se produzcan en esa dirección. Permitirle que exprese lo que le preocupa y hablar sobre ello para que vayan poniendo nombre a las diferentes emociones. Las técnicas de relajación pueden ser de utilidad en momentos en que hay una elevada activación fisiológica.

Problemas y trastornos del sueño en la infancia

El sueño es una función básica que tiene como misión fundamental recuperar el desgaste producido por la actividad realizada durante la vigilia. El tiempo de sueño para cubrir estas necesidades depende del momento evolutivo y de las características de cada niño. Además el sueño puede verse afectado por factores tan diversos como la fatiga física o mental, el ritmo de vida, etc.

Las alteraciones o trastornos del sueño frecuentemente son la señal de que algo no marcha bien en la vida del niño. Los problemas y trastornos del sueño mas frecuentes en la infancia son el insomnio, el sonambulismo y los terrores nocturnos.
Una vez descartada una posible causa orgánica se hará una evaluación de las características del problema para delimitarlo y establecer el tratamiento que mejor pueda resolver el caso.
Algunos aspectos que pueden ayudar a mejorar la calidad del sueño son: revisar los hábitos alimentarios, regularidad sueño-vigilia, verificar que no haya preocupaciones o alteraciones emocionales, condiciones ambientales que estén afectando, actividades excitantes antes de ir a dormir, etc. Las técnicas de relajación y la hipnosis pueden ser de gran utilidad. 

Timidez

La timidez es una característica de la personalidad que en mayor o menor medida está presente en una parte importante de la población. Las experiencias posteriores harán que esta predisposición se supere o se fortalezca. Podemos definirla como una tendencia a sentirse incómodo, inhibido, torpe y muy consciente de sí mismo en presencia de otras personas. Esto produce incapacidad para participar en la vida social, aunque se desee hacerlo y se sepa cómo. Es una sensación de impotencia para actuar en presencia de otra persona; un miedo crónico que procede de la falta de confianza en sí mismo y en los demás.
En el correcto desarrollo de un niño es imprescindible la interacción interpersonal. Las relaciones que el niño va construyendo con sus iguales van a ser parte fundamental de su educación y si no es capaz de desarrollar una serie de habilidades sociales puede llegar a padecer un gran sufrimiento emocional.
A lo largo del ciclo vital hay etapas en que la persona puede experimentar un cierto nivel de timidez, pero cuando la timidez interfiere negativamente con el funcionamiento cotidiano, produciendo incapacitación para desenvolverse con éxito en el terreno académico o social, manteniéndose a o largo de tiempo, estamos hablando de un problema clínico.
La timidez y la falta de habilidades sociales puede acarrear al niño una serie de problemas de rechazo y exclusión entre sus compañeros que son vividos con mucho sufrimiento, llevando, en casos extremos, a situaciones de intimidación o maltrato que tienen consecuencias a nivel emocional y repercuten en su rendimiento escolar.
Los tratamientos más eficaces son aquellos que integran el entrenamiento en habilidades sociales conjuntamente con un trabajo centrado en el cambio de estilos de pensamientos inadecuados, de desvalorización y negativos. 

Conductas des-adaptativas

La desobediencia y la conducta agresiva en la infancia son dos de las principales quejas de padres y educadores en la dinámica infantil, apareciendo con frecuencia en forma conjunta. En algunos casos estas conductas se convierten en una pauta de comportamiento estable y permanente y en la forma habitual de manifestarse.

Cuando la magnitud, frecuencia o perseverancia en el tiempo de estas conductas son excesivas pueden necesitar la intervención de un profesional de la salud para corregirlas a tiempo.
Las conductas desadaptativas pueden ser consecuencia de multitud de factores tanto internos, ( temperamento del niño) como externos (estilo de crianza, tipo de relación padres-hijos, entornos de riesgo, etc).
La mejor prevención de problemas futuros es el desarrollo de un buen vínculo afectivo entre padres e hijos. Estableciendo con claridad los límites y dando instrucciones claras y coherentes. Prestando atención a las conductas adecuadas y ignorando sus rabietas o exigencias caprichosas para no reforzarlas. 

Problemas de alimentación en la infancia

La alimenta es una de las funciones corporales básicas que más evoluciona en los primeros años de la vida del niño con cambios que afectan tanto al tipo de alimentos que ingiere como el comportamiento que el niño adopta en su relación con los alimentos.

En la infancia los problemas alimentarios se clasifican en función de las variables determinantes: velocidad (lenta puede producir bolos, rápida puede llevar al vómito); negación a comer determinados alimentos, a cambios de textura, cantidad (mucha puede provocar sobrepeso o bulimia, poca que puede desencadenar una anorexia).
Hay que distinguir entre los problemas de comportamiento alimentario denominados menores que no llegan a cronificarse ni a presentar complicaciones que pongan en peligro la vida del niño, aunque afecten de manera importante al equilibrio familiar y a la adaptación escolar, y los trastornos de comportamiento alimentario relacionados con la cantidad de ingesta de comida.
En el caso de problemas menores es importante revisar los factores que están produciéndose en la interacción del niño con la comida para establecer un plan de intervención que modifique los condicionantes que mantienen el problema.
Los trastornos de la conducta alimentaria suponen una intervención de tipo clínico que se ha de ajustar al caso particular de cada individuo y que en muchas ocasiones requiere de un abordaje interdisciplinar. 

Orientación familiar

La tarea de las familias hoy en día es posiblemente más compleja y está más llena de dudas que en otros momentos históricos o en sociedades donde se han mantenido de manera tradicional unos roles bien definidos.

Buena parte de las energías y de los esfuerzos de las familias se invierten en la crianza de los hijos, en su educación y a pesar de ello, muchos niños presentan dificultades en alguna de las áreas de su desarrollo ya sea a nivel físico, emocional, cognitivo o de comportamiento. La mayoría de estas dificultades se pueden abordar desde una perspectiva más neutra, intercalando nuevas estrategias que ayuden a modificar, si es necesario, las pautas de relación, estableciendo unos límites claros o simplemente aprendiendo a comunicar.
En Espai Psikos ofrecemos un espacio de diálogo para abordar con las familias estas pequeñas crisis, orientando y acompañando en la búsqueda de soluciones, con el objetivo de restablecer un clima familiar nutritivo que fortalezca los vínculos y genere la confianza necesaria para superar los retos. 

 

Área clínica

  • En la terapia infantil es muy importante efectuar un diagnóstico exhaustivo que permita explorar no sólo las dificultades que presenta el niño/a sino, muy importante, sus potencialidades.
    En los últimos años hemos sido testigos de la proliferación de etiquetas diagnósticas que han tenido como consecuencia más negativa la de limitar las posibilidades de muchos niños, y en casos extremos estigmatizarlos.

En Espai Psikos BCN, muy conscientes de esta problemática, ponemos especial cuidado en evitar la simplificación de las etiquetas diagnósticas, haciendo un informe exhaustivo que facilita la comprensión de las características definitorias del niño/a como un ser total y completo, no centrado en sus dificultades. 

Los trastornos infantiles más frecuentes son:

  • Trastornos de aprendizaje
  • Trastornos de la conducta
  • Trastornos emocionales
  • Trastornos de la alimentación
  • Déficit de atención con/sin hiperactividad TDAH